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TRAGEDIA GRIEGA DE LA CONSTRUCCION

TRAGEDIA GRIEGA DE LA CONSTRUCCION

19 Feb 2010 | Tribuna de Opinión en las Provincias

 

Tragedia griega de la construcción

 

La crítica situación del sector de la construcción es analizada por un empresario de la patronal de los derivados del cemento,

que incide en el problema de la morosidad

 

19.02.2010 - JOSÉ MIGUEL GILPRESIDENTE DE FEDCAM (FEDERACIÓN EMPRESARIAL DE DERIVADOS DEL CEMENTO)

 

España vive una auténtica tragedia griega, aunque con un estilo patrio muy propio. No me refiero al género teatral de Esquilo o Sófocles sino a la triple crisis económica (financiera, inmobiliaria y de competitividad) convertida en sacrificio de pymes y trabajadores del sector de la construcción y sus auxiliares, un material más que oportuno para ser convertido por Eurípides en héroes actuales de un gran drama de realismo sórdido.

A la pérdida de actividad de las empresas del sector, se une la sangría que no cesa de un paro sin señales de recuperación, la pérdida de confianza generalizada en la economía y una morosidad que aumenta su deterioro sin que posiblemente haya pasado lo peor.

Los números dejan lugar a la evidencia, ya que el ajuste global de las licitaciones en 2009 se sitúa alrededor del 20% con respecto al ejercicio anterior, incluidas todas las administraciones y hay prevista una enorme reducción en la inversión pública para 2010. Es más que cuestionable que el ajuste de la crisis tenga que recaer en un sector de la construcción ya muy castigado en industrias auxiliares como los fabricantes de productos derivados del cemento, materiales de construcción o saneamientos, por citar algunos ejemplos, que han perdido desde 2007 un 50% de sus ventas. Ahora parece solo preocupar (tampoco sin razón) cómo España va a poder cumplir los requisitos de déficit a los que compromete el Pacto de Estabilidad y Crecimiento para 2013, lo que va a exigir sin duda una fuerte disminución del gasto público y un aumento de los ingresos fiscales, lo que puede retrasar la recuperación.

A esta situación general se unen los particularismos propios de cada comunidad autónoma. La Comunitat Valenciana será una de las regiones que experimente un proceso de adaptación más largo y duro de esta crisis. Los datos de 2009 resultan demoledores. La caída media de la riqueza nacional se estima en un 3,8% mientras ese descenso alcanza el 7,2% en la Comunitat Valenciana, el mayor de toda España. Y las expectativas no son muy halagüeñas para 2010.

La reducción de empleo ha sido drástica en la Comunitat Valenciana debido al mayor peso de la construcción, especialmente en el sector residencial. Para colmo, al stock de vivienda se une la fuerte reducción de los visados de nueva vivienda y que los constructores no pueden hacer frente a sus pólizas de crédito debido al parón de la compra-ventas de residencias de nueva construcción.

En el actual contexto, debe apostarse por buscar fórmulas en el corto plazo que mejoren la competitividad y que permitan afrontar las reformas estructurales pendientes.

La Ley de Morosidad está en la agenda de esas reformas perentorias, marcada en rojo y subrayada doblemente: por su importancia esencial en el devenir del futuro del sector de la construcción y sus auxiliares y por su comatoso estado funcional antes de tiempo en un proceso de proposición de ley a petición de CiU y que contaba con el apoyo de PP y PSOE. Este último equivoca sus enmiendas parciales a la proposición de Ley de Morosidad, y coincidiendo con las tesis de CiU, creo que sus propuestas solo servirán para incrementar la cola del paro y el cierre de pymes.

Obsérvese lo contradictorio de la actuación del Gobierno y el partido que le sustenta al frente del mismo. Por un lado, el boceto de la Ley de Economía Sostenible, aprobado por el Consejo de Ministros de 27 de noviembre, tomaba una senda positiva al reducir a partir de 2013 (el tiempo de aplicación no acompañaba la buena voluntad, eso sí) los plazos de pago de las Administraciones Públicas a pymes y autónomos de 60 a 30 días como máximo desde la certificación de obra y en el sector privado en general hasta un máximo de 60 días. El asunto se complicaba sobremanera ya que al final la aplicación práctica era más una boutade al contemplarse explícitamente la salvedad de "pacto contrario entre las partes", por lo que, estrictamente, si una de las partes ejerciera fraude de ley mediante la presión coercitiva sobre la otra (cliente sobre proveedor) la ley se convertiría en papel mojado de facto y vuelta de nuevo a los 240 días, o más, para hacerse efectivo el pago.

El papel de CiU en esta tragedia es el de héroe clásico, luchando contra todo tipo de obstáculos a la proposición de Ley de la Morosidad. La aplicación de su reforma garantizaría un ahorro de 10.500 millones de euros en concepto de intereses de demora de los impagos. El mismo Sánchez Llibre, en un acto de honesta rabia, ha calificado la Ley de Economía Sostenible de aviesa treta de

"propaganda", que culmina con la pura aniquilación de la proposición de ley de su partido y de paso con unos miles de trabajadores, autonómos y empresarios de pequeñas y medianas empresas en la oficina del Inem.

Ahora, según el PSOE, hay que compaginar en la negociación la proposición de ley de CiU, la Ley de Economía Sostenible y la nueva Directiva Europea sobre morosidad en tramitación en Bruselas. Los tiempos de aprobación específicos de las dos últimas nos llevan al menos hasta inicios de verano, es decir, que cuando se quiera aplicar una norma ad hoc nos encontraremos en otoño y habrán pasado nueve meses más de legislatura y de agonía.

Este sector no requiere de dilaciones sino de medidas de apoyo reales y en este momento. La Ley de la Morosidad, en los términos planteados por CiU o mejorados, es una de ellas. El tiempo corre en nuestra contra y estamos en el momento clave de su tramitación parlamentaria, prevista para la segunda quincena de febrero. En caso contrario, veremos impávidos desangrarse un sector clave que ha generado una economía sostenida de empleos mientras esperamos que la economía sostenible venga al rescate de los parados.

En la tragedia clásica diversos oráculos pronosticaban un desenlace fatal del drama que enfrentaba y empujaba a los protagonistas contra una misteriosa e inevitable fuerza ciega. En nuestra tragedia, el desenlace presente y futuro son los recortes de personal y el cierre de empresas. Y no será por falta de oráculos.